miércoles, 25 de enero de 2017

Cambio

Estaba en el apartamento con mi familia. Mi padre llegaría del trabajo y mi madre ya hizo el almuerzo. Yo estaba en la computadora haciendo un escrito para mis quehaceres literarios (si es que lo que escribo es literatura).

-Hijo almorzar -gritó mi mamá con su voz de hormiga que no llega ni a la esquina.

Dejé la computadora, fui a comer, me senté a lado de mi padre, luego, mi mamá trajo los platos de comida; era carne seca, ella se sentó y comimos en familia. Solo faltaba mi hermano, pero él estaba en otro país.

-Está rico, amor -decía mi padre al saborear la mezcla del arroz con la carne.

Yo seguía comiendo en silencio, mi mamá también. Creo que ambos sabíamos lo que iba a pasar.

-¿Y cómo te fue en el trabajo? -preguntó mi madre.

-Bien -no dijo nada más.

-¿Bien qué? -insistió.

-Pues lo de siempre.

-¿Lo de siempre?, ¡¿lo de siempre?! ¡Deja de omitir las cosas!

-¿Qué cosa? No te estoy omitiendo nada, estoy bien en el trabajo.

-¿Lo dices en serio? -preguntó seria.

-Sí, en serio.

-Entonces... ¿Por qué esta factura?

-¿Ah? -mi padre se quedó mudo.

-Es el banco...

-¿Y qué pasa con el banco?

-¡No seas boludo!, ¡tú sabes lo que pasa con el banco!

-....

-¡Quinientos mil pesos! ¡Estamos en deuda y no tenemos nada! ¡NADA!

-Lo sé, lo sé. No me lo recuerdas -decía mi padre tratando de bloquear la situación.

-Te lo diré todos los días. Cada día de tu trabajo. No entiendo en qué te lo gastaste, en serio, ¡¿Qué tienes en la cabeza?! ¡Qué, tienes, en la cabeza, carajo!

-Ya, ya, fue un error, ¡Fue un error!

Mi madre se mordía los dientes. No sabía qué hacer, estaba paranoica, le daba miedo esta situación económica, ¡¿a quién no le daría miedo esta situación?! Yo estaba callado, no decía nada, solo observaba como todo se hacía mierda por sí solo.

-Llamaré a mi madre, debe estar en la casa de Buenos Aires -decía ella reacia.

-¿En serio, la llamarás? -parecía algo asustado.

-No hay otra alternativa -dijo ella con vergüenza -tenemos que irnos de Rosario.

-No, ¡No!, ¡no quiero volver a esa casa de locos!

-¿De locos?, es mi madre, imbécil, ¡respeta!

-No iremos allá.

-Entonces, ¿dónde iremos?, ¿ah?, ¿ah?

-No sé, no sé. Pero no quiero ir allá.

-¿Qué? ¿No quieres que mi propia madre, mi propia y sagrada madre, te vea como un fracaso que has sido siempre?

-No digas eso...

-¿No quieres que se dé cuenta que has gastado quinientos mil en no sé qué cosas...

-Para...

-...no sé, en mujeres, en putas, en pendejadas?

-En serio, para -dijo mi padre tratando de resistir.

-¿Quieres que pare?, o mejor, ¿quieres que te diga lo perdedor que has sido...

-Te lo estoy advirtiendo... -decía mientras transformaba su mano en puño.

- ...y has sido explotado por tu propio jefe en el trabajo? -lo enfatizó con fuego en sus ojos.

Mi padre explotó, golpeó a mi madre, solo un puño, solo un mísero puño para resolver toda la situación caótica que estábamos viviendo. Yo estaba observando, no podía hacer nada, tenía miedo, es la primera vez que vi a mi padre así de violento. Me quedé como una estatua.

-Nos quedaremos aquí por que Yo lo digo -él tuvo la última palabra, literalmente.

Mi madre llamó a escondidas a mi abuela mientras mi padre iba de trabajo. Todo fue planeado. Mi padre, al volver de un día arduo y con las deudas hasta el cuello, encontró la casa vacía, con solo el recuerdo de que él golpeó a mi madre, y yo, aquí, observando como mi madre me está raptando para que mi vida cambie completamente, sin que yo tenga el derecho de elegir, y ni siquiera la oportunidad de despedirme de mi padre.