Estaba en el apartamento con mi familia. Mi padre llegaría del trabajo y mi madre ya hizo el almuerzo. Yo estaba en la computadora haciendo un escrito para mis quehaceres literarios (si es que lo que escribo es literatura).
-Hijo almorzar -gritó mi mamá con su voz de hormiga que no llega ni a la esquina.
Dejé la computadora, fui a comer, me senté a lado de mi padre, luego, mi mamá trajo los platos de comida; era carne seca, ella se sentó y comimos en familia. Solo faltaba mi hermano, pero él estaba en otro país.
-Está rico, amor -decía mi padre al saborear la mezcla del arroz con la carne.
Yo seguía comiendo en silencio, mi mamá también. Creo que ambos sabíamos lo que iba a pasar.
-¿Y cómo te fue en el trabajo? -preguntó mi madre.
-Bien -no dijo nada más.
-¿Bien qué? -insistió.
-Pues lo de siempre.
-¿Lo de siempre?, ¡¿lo de siempre?! ¡Deja de omitir las cosas!
-¿Qué cosa? No te estoy omitiendo nada, estoy bien en el trabajo.
-¿Lo dices en serio? -preguntó seria.
-Sí, en serio.
-Entonces... ¿Por qué esta factura?
-¿Ah? -mi padre se quedó mudo.
-Es el banco...
-¿Y qué pasa con el banco?
-¡No seas boludo!, ¡tú sabes lo que pasa con el banco!
-....
-¡Quinientos mil pesos! ¡Estamos en deuda y no tenemos nada! ¡NADA!
-Lo sé, lo sé. No me lo recuerdas -decía mi padre tratando de bloquear la situación.
-Te lo diré todos los días. Cada día de tu trabajo. No entiendo en qué te lo gastaste, en serio, ¡¿Qué tienes en la cabeza?! ¡Qué, tienes, en la cabeza, carajo!
-Ya, ya, fue un error, ¡Fue un error!
Mi madre se mordía los dientes. No sabía qué hacer, estaba paranoica, le daba miedo esta situación económica, ¡¿a quién no le daría miedo esta situación?! Yo estaba callado, no decía nada, solo observaba como todo se hacía mierda por sí solo.
-Llamaré a mi madre, debe estar en la casa de Buenos Aires -decía ella reacia.
-¿En serio, la llamarás? -parecía algo asustado.
-No hay otra alternativa -dijo ella con vergüenza -tenemos que irnos de Rosario.
-No, ¡No!, ¡no quiero volver a esa casa de locos!
-¿De locos?, es mi madre, imbécil, ¡respeta!
-No iremos allá.
-Entonces, ¿dónde iremos?, ¿ah?, ¿ah?
-No sé, no sé. Pero no quiero ir allá.
-¿Qué? ¿No quieres que mi propia madre, mi propia y sagrada madre, te vea como un fracaso que has sido siempre?
-No digas eso...
-¿No quieres que se dé cuenta que has gastado quinientos mil en no sé qué cosas...
-Para...
-...no sé, en mujeres, en putas, en pendejadas?
-En serio, para -dijo mi padre tratando de resistir.
-¿Quieres que pare?, o mejor, ¿quieres que te diga lo perdedor que has sido...
-Te lo estoy advirtiendo... -decía mientras transformaba su mano en puño.
- ...y has sido explotado por tu propio jefe en el trabajo? -lo enfatizó con fuego en sus ojos.
Mi padre explotó, golpeó a mi madre, solo un puño, solo un mísero puño para resolver toda la situación caótica que estábamos viviendo. Yo estaba observando, no podía hacer nada, tenía miedo, es la primera vez que vi a mi padre así de violento. Me quedé como una estatua.
-Nos quedaremos aquí por que Yo lo digo -él tuvo la última palabra, literalmente.
Mi madre llamó a escondidas a mi abuela mientras mi padre iba de trabajo. Todo fue planeado. Mi padre, al volver de un día arduo y con las deudas hasta el cuello, encontró la casa vacía, con solo el recuerdo de que él golpeó a mi madre, y yo, aquí, observando como mi madre me está raptando para que mi vida cambie completamente, sin que yo tenga el derecho de elegir, y ni siquiera la oportunidad de despedirme de mi padre.
Tinta para borrar huellas
miércoles, 25 de enero de 2017
jueves, 24 de noviembre de 2016
Lugares en la misma calle
Lugares en la misma calle
He notado algo, y no ha sido la
primera vez, pero esta vez lo he pensado con más atención: la calle nunca ha
sido la misma. Bueno, físicamente parece la misma, nuestros ojos indican que la
calle cementada será cementada mañana y al día siguiente y al siguiente hasta
que alguien se dé cuenta que el pavimento esté deteriorada, es decir, después
de cinco años más o menos. Pero, más allá de lo que es visible a nuestros ojos,
es lo metafísico. El ambiente de la calle cambia constantemente, que ni
siquiera nos damos cuenta; un día estará solitaria y el siguiente estará lleno
de alegría; otro día estará olvidada y el siguiente recordada como una de las
más significativas. Obviamente, el ambiente aplica según las personas que la
conforman, y así, tanto físico como abstracto, se trasmuta simultáneamente. Es
como dijo Heráclito, y en otro tiempo y
con diferentes palabras, el buda:
-“Nadie se baña en el río dos veces, porque todo cambia en el río y en
el que baña”
Vuelvo a repetir, me he dado cuenta que la calle no ha sido la misma, y
quiero explicar el porqué de todo esto. Ella me ha gusta y me ha gustado desde
siempre, y tal como lo explicó Heráclito también lo digo, se ha trasmutado ese
“me gustas” a muchas maneras, y eso empezó justo en esa calle que me deja así
de loco, porque ahí empezó la trasformación, el cambio de las cosas para verlas
de otro punto o de muchos puntos de vista. Bueno, quiero decir que en esa misma
calle, con la misma persona, me ha pasado mucho y en muchas situaciones; en
cada día yo no era yo, ella no era ella, la calle no era la calle, y el maldito
ambiente no era el mismo maldito ambiente, todo se fusionaba y me hizo pensar
en cómo hizo para que el destino jugará el ajedrez y saber cómo fue el producto
de todo esto: nosotros.
He ido cuatro veces a esa misma calle y en cada una fue
impresionantemente distinto. Ahora entiendo cuando dicen que las calles tienen
historias que contar. Gracias a dios las calles no hablan. Bueno, iniciaré
contando la primera vez y después la siguiente, para ver la metamorfosis de
esta cuestión fantástica. Empezaré ahora.
Primera vez.
Nos quedamos en vernos en la feria del libro, te esperé como veinte
minutos y llegaste toda apurada por el atraso. Entramos a la feria y lo que
menos hicimos es ver libros: nos quedamos hablando dando vueltas por todos los
stands. Después, te invité una cerveza colombiana, no me acuerdo cuál fue pero estaba
rico. Así empezó. Tomamos un poco y seguíamos hablando de todo un poco. Yo di
mi iniciativa y luego ella. Me dijo que por el centro hay un bar entonces
fuimos juntos, dejamos la feria y caminamos toda la Salaverry hasta llegar por
el Parque de la exposición; nos fuimos más al fondo y llegamos a esa calle por
primera vez. Oh, esa calle que solo la vi de reojo, pero ahora sería diferente.
La caminata duró como una hora y ahí fue todo el proceso. Llegamos al bar, era
uno subterráneo parecido a una cueva. Bailamos y tomamos y seguíamos bailando.
Después de tres horas, al salir juntos, con alcohol en nuestras cabezas, éramos
extraños, todavía no nos conocíamos. La acompañé en el bus, la dejé en su
apartamento, ella me dio las indicaciones y yo todo confiado pensaba que iba a encontrar
bus: no encontré ni personas. Caminé unas cuadras donde circulaba carros y tuve
que usar taxi a tres soles de un viaje que son de veinte: el taxista me salvó
la noche.
Esa calle no me acuerdo casi de nada, para mí era todo oscuro, apenas
había luces, no le paraba bola su importancia, era la primera vez, me daba lo
mismo. Era superficial porque no pensé que se repetiría aquella escena, y las
cosas se dio tal como la diosa del destino juega con nosotros, o como esas
brujas que nos enredaron con sus hilos: es imposible planear algo que no está
en nuestro alcance. Es decir, nada está en nuestra alcance, todo es azar,
coincidencia o como lo quieran llamar.
Segunda vez.
Esta vez, creo que había pasado dos semanas o tres. Nos encontramos en
el parque de exposiciones, ya no éramos tan extraños, apenas conocidos.
Hablamos como siempre, pero de temas cada vez diferentes, con más confianza.
Caminamos alrededor del parque, vimos los patos y los peces y también caminamos
por la calle. En una de esas, fuimos a comer un postre por un restaurante que
queda en no sé dónde, la cosa es que comimos, yo pedí la cuenta y nadie me
prestaba atención. Nos paramos de la mesa, fuimos lentamente del lugar y cuando
ya pisamos pavimento nos fuimos corriendo sin pagar, como par de niños
traviesos que pensaron que causaron el peor de los delitos. Me divertí mucho.
Después, caminamos un poco más y llegamos otra vez a la misma calle; esa calle
donde pasamos en la anterior salida. En la segunda vez sí presté un poco de
atención: hay casas antiguas, en la mayoría lo usan para bares, hay faroles que
sirven, otras que no; había una parte totalmente oscura, ahora recuerdo porque
dije que todo era oscuro en la primera. Bueno, entramos al bar, bailamos y
tomamos y bailamos mucho más. La diferencia de este día con el primero fue el
contexto. Yo no podía quedarme mucho tiempo y ella sí, pero no podía dejarla
sola, me sentía responsable. Entonces discutí con ella dentro del bar y después
afuera, caminamos discutiendo, las calles me parecía más lúgubre con un
trasfondo sin color, veía más las luces
de los carros y la gente mirándonos de la nada, como si estuvieran escuchando
todo. Seguíamos discutiendo, juré no volver a verla porque ella me dijo algo
parecido. Llamé el taxi, a pesar de la discusión, la acompañé, me fui con ella
en taxi, no hablamos en el recorrido, la dejé a su casa, nos despedimos sin
despedirnos y yo me fui para mi casa.
Al día siguiente, le envíe un mensaje diciendo que lo siento. Ella
también y dijimos en parte lo que pensamos y lo que sentimos. Qué ironía que
después de aquella noche la conocí más, y nos unió mucho más que la primera
vez.
Tercera vez.
Ya había pasado un mes, diablos, el tiempo vuela. Yo la veía dos veces
por semana, en rara ocasiones, tres. Quedamos en vernos un jueves a las cinco
de la tarde, entonces, ¡de una! Cuando llegó el día y la hora, la esperé afuera
de la universidad, y cuando ella llega, veo que trajo a sus amigos, no esperaba
eso, quería estar con ella a solas como si fuera mía, sí, hecho el posesivo.
Pero no me importó, más bien, mejor, ahí podía saber qué tal éramos o era ella
frente a ellos. Nos fuimos en bus para pasar por esa misma calle, la cosa es
que era la tarde y no había nada de emocionante (el bar estaba vacío), entonces
esperamos hasta que sea de noche, tipo siete de la tarde más o menos. Cuando
caminábamos por esa misma calle, nosotros al disimulo cogíamos nuestras manos,
caminábamos en una calle así y en la otra calle con nuestras manos sueltas;
como que en una sí, en la otra no, en otra sí, en la otra no. “Sí me quiere, no
me quiere, sí me quiere, no me quiere” – se acabaron los pétalos de una rosa.
Qué pena. Pasamos creo que por la Plaza San Martin y bueno, fue chévere estar
con sus amigos. Cuando cayó la noche entramos al bar, bailamos, tomamos, quise
acercarme un poco a sus amigos, y bueno, no sé cómo lo tomaron, además de que
tomaron alcohol obviamente, menos una amiga de ella; le dio dolor de estómago,
creo que era en la cabeza, la cosa es que tuvimos que dejar el bar más temprano
que en las dos primeras veces que salimos. En esta tercera vez fue tranquilo,
nos estábamos conociendo, la empezaba a querer más y ella a mí. Las calles eran
menos grises a pesar del color del cemento, creo que había más luces, la parte
oscura que dije antes seguía siendo oscura, fue un momento tranquilo que me
hizo pensar que esta calle me está conociendo también. La amiga con dolores y
ella se fueron en taxi, y yo me fui caminado con el amigo; él tomó su bus y yo
el mío, llegué a la casa y me dormí con una sonrisa entre la soñolencia. La
estaba conociendo, ella a mí, la calle a nosotros, y nosotros a la calle. En
esta todo ha sido normal, y me gustó.
La cuarta y última vez (por ahora)
Esta última vez, ni se diga, fue la mejor de todas. Nos encontramos por
la tarde en el Parque de exposiciones, le decía que aquí fue que nos conocimos,
si no fuera por este lugar, el Mali, nunca estuviéramos juntos. Ella me sonrió
y me besó. Caminamos, queríamos ir al cine pero estaba lleno en el centro
comercial, entonces nos fuimos más al fondo y… resultó que los cines estaban
cerrados, ¡Ash!, bueno, a seguir caminando, algo que ella no quería porque ya
estábamos así hace media hora. Nos perdimos un rato por el centro y al querer
volver a la misma calle encontramos un lugar para comer postre, entramos,
comimos postre, hablamos, nos tomamos fotos, sonreíamos, nos contábamos
recuerdos entre sí, yo de cuando era niño, y ella también, sobre música, sobre
el afecto y cosas que no diré en este escrito porque son personales (ja-ja).
Vimos la hora para ir al bar y dejamos el sitio, caminamos un rato más y
llegamos a esa misma calle. Recuerda que una cita con ella es una cita con la
calle; nos conocemos entre los tres. Cuando vi la calle, me sentí
familiarizado, me sentí muy tranquilo, me valía un carajo si me robaran, aunque,
lo único que me robarían es el celular de ella ya que ella no tiene bolsillos.
Bueno, entramos al bar, digo, a la cueva. Bailamos como nunca, en serio, fue
increíble, tomamos una sangría, hablamos, nos besamos y bailamos, bailamos y
más bailamos. Me acuerdo que en la primera vez que bailamos lo hacíamos bien
entre nosotros, en la segunda también, y en la tercera y no sé cuántas veces
hemos bailado, pero en esta, en esta sentí que éramos uno. Yo no sabía bailar,
ella me dice que tampoco sabía pero para mí sabía, y juntos y en esta vez,
bailé como nunca con ella. Me encantó, salimos felices. Me tenía que regresar
antes de que el bus dejará de circular, pero aun así, me encantó ese día.
Salimos el bar muy felices como dije, salimos abrazados para llegar por el Parque
de las exposiciones, para mí en la calle había luces por todos lados, igual, lo
ignoraba, me sentía bien estar abrazada con ella caminando en la misma calle
que nos hizo conocer. El ambiente estaba bonito, solo falta que este color de
rosa, pero no, suficiente que este con su color real. Me sentía feliz y solo
por eso veía muy bonito la calle, la calle me sonreía, mi enamorada también, y
yo a ella cada vez que la veía y la besaba. Es verdad lo que dice Heráclito,
las calles, el ambiente, la persona, tú y yo: todo cambia. Todo cambia y se
trasmuta, y durante esta cuarta vez me di cuenta que seguiríamos cambiando. Por
eso, espero una quinta porque me encanta todo esto de vivir cosas diferentes en
el mismo lugar, y le debo todo a ella. No, una quinta no, mejor una sexta, una
séptima, ¡hasta siempre!
Caminamos en la misma calle que nos conoció, la besé en esa calle que la
conocí, lo mismo en el parque, lo mismo que en todos los lugares que pasamos
por primera vez. Solo sé algo, y lo he aprendido durante este año, y lo que he
aprendido es que “Todos los caminos conducen a Roma”, y es cierto, pero en este
caso particular es diferente:
Todos los caminos nos conducen a la Jirón de
la Unión.
![]() |
| Jirón de la Unión, cerca de la plaza San Martín. |
Pero Mali, Oh Mali, en la dulce Mali fue todo. Calle Salaverry, centro,
cine, cafecito, tutti fruti, Morrita, clases de psicología, todo se unió. Pero
siempre volveremos a bailar como nunca, porque espero la quinta, la sexta, la
séptima, mientras sea en la misma calle, con la misma persona; pero esta vez,
en serio, va a ser distinto.
22 de noviembre del 2016
Nombre: Erick Hernández
Correo: erickadrian2@hotmail.com
Facebook: El antropófago imaginario
jueves, 17 de noviembre de 2016
Un olor extraño
Un olor extraño
-Ya es muy tarde, tengo que alistarme para ir al trabajo.
Apaga el despertador y mira el
techo con los ojos cansados.
-cha madre –otro día más,
miércoles, la mañanita es la peor de todas
.
Da una o dos vueltas, rueda un poco
en el colchón mientras por afuera, en la calle, se escucha el ruido de una moto
acelerar.
-El primer paso es el más difícil
y… ¡listo! –recién Joel se acaba de levantar, eliminando las desganas de una
vez, para así iniciar su nuevo día.
-Bueno, a vestirme.
Se puso una camisa roja con un logo
en el pecho y un pantalón negro.
-Veamos… a comer una fruta… a ver…
sí hay. Y ahora, mmm… bueno, con chicha morada, porque leche no hay. No hay
casi nada en la refri mejor dicho. Cuando termine mi turno compraré lo de
siempre y un par de cusqueñas para refrescarme.
Después de desayunar, se cepilla
los dientes, se guarda el gorro en su maleta y se va para el trabajo dejando su
apartamento solo.
Joel vive en Surco, le tocaría
coger bus y pasarse por toda la Benavides hasta llegar a Miraflores, luego, camina unas cuadras en la Av. Larco para así llegar temprano a su trabajo que queda en
un centro comercial que está a lado del mar; es bonito el lugar, muchos
turistas van a visitar para apreciar los jardines y obviamente, el mar. Toda
esa travesía le tardaría, dependiendo del tráfico, cuarenta y cinco minutos, máximo
una hora. Después de llegar, bajaría unas tres escaleras para llegar al primer
piso, y después bajaría otra escalera para entrar a Multicines, donde él
trabaja todos los días. Ese lugar queda al fondo, en las profundidades del
Hades, es medio subterráneo, un ambiente muy tranquilo para ver películas en
silencio sin que nadie te moleste. Joel estaría en un día cualquiera de
trabajo, un miércoles donde la rutina se siente en el aire, por ser día laboral
pues claro. Llegaría a las nueve de la mañana para alistarse y limpiar las
salas de los cines, pero antes le tocaría a registrarse para que no digan
que él llega tarde como en algunas ocasiones; ya está adaptándose a los
protocolos de trabajo. Después, iría al sótano, sacaría los accesorios de
limpieza y así empieza su día, en un día donde un sueldo básico de nueve
cientos soles mensuales no alcanza ni para subsistir, igual, estaría poniéndose
de su empeño como siempre.
***
-Qué tal Esperanza, ¿Por qué tan
apurada?
-Hola, Joelito. Es que mi jefe me
pidió que hiciera algo. Hablamos más tarde.
-Ah, tranquila nomás, hablamos
después.
-Ah, sí, se me olvidaba. Limpia la
sala seis, ahí hubo ciertos problemitas por el aseo, tu sabes… niños.
-¿Otra vez?
-Ni te imaginas. Cuando cumplas un
año aquí, te acostumbrarás.
-“Qué bonito”
-Lo sé, nos vemos.
-Qué buena forma de empezar el día
–pensó Joel.
Pasó por aquella sala y antes de entrar,
percibió un olor, como estuviera suelto y se escapará a otro lado y ahora está
invisible a nuestros ojos, pero sí perceptible con nuestro olfato. Miraba a los
otros y observaba que nadie se daba cuenta de aquel olor que le parecía
sospechoso.
-Bueno, ya qué. Quizás sea el
popcorn.
Joel entró a la sala de cines y el
olor era más fuerte; aun así lo ignoró y siguió trabajando. Empezó a limpiar
las cochinadas que dejaron los niños: la mugre de los chicles, una gaseosa
regada que al anterior asistente se le olvido limpiar y marcas de saliva en la
tela de las sillas, mientras otros estaban instalando una nueva película y
verificando que las cintas estén en buen estado. Su trabajo era simple y con
eso se ganaba la vida, además, tenía planes para su futuro: comprar una casa,
estudiar, establecerse económicamente, cosas que cualquiera quisiera desear al
demostrar su independencia. Este trabajo era un inicio importante para seguir
adelante con su vida, ya que, como él siempre se decía:
-peldaño por peldaño se construye
la escalera –empezaría a trapear el piso, y después a restregar las sillas.
Mientras Joel trabajaba el olor se
movía a escondidas en el silencio. Él dejó la puerta abierta para ventilar y de
ahí el olor se escapó para esparcirse a otras áreas; caminó a la sala dos,
después al uno, después, fue a los baños donde se entró por los conductos. Por
el momento había conquistado cinco salas, marcando territorio con la
pestilencia, es como si fuera una plaga de mala muerte quienes los que
protagonizan son ratas invisibles, o ratas fantasmas. El olor ha pasado por
todos los rincones del cine, y Joel todavía estaba limpiando silla por silla
sin que se diera cuenta de la invasión hediondo que padecía el lugar. Los
empleados no se percataban de esa aroma rancia, ni siquiera se preguntaban de
dónde provenía. El olor seguía su curso y todo el mundo estaba trabajando como
si fuese un día normal, moviéndose a un lado a otro para dejar todo en orden,
antes de que empiece la función. Después, la muerte invisible se acercó poco a
poco, levitando en el aire, ya habiendo tenido todo el control en sus manos, de
pies a cabeza, le faltaría marcar un territorio no explorado, el último que
quedaba para concluir con su objetivo. Se acercaba cada vez más. Joel ya había
terminado de limpiar la primera sala y los otros empleados se estaban
organizando para abrir a las diez.
-Los niños deben estar emocionados
por el estreno de esta película –pensó al mirar la pantalla gigante de la sala
seis.
Se acercaba con sus huellas sin
marcas, poco a poco, deslizándose entre la nada, hasta que, al penetrar por los
aparatos electrodomésticos, sobre todo por la máquina de hacer popcorn; un
aparato enorme que puede servir a más de treinta clientes al mismo tiempo, se
apoyó en ella para esperar el momento indicado. Todos ya habían dejado listo
para abrir las puertas, solo faltaba la señal, unos estaban charlando entre sí
como cosa de rutina. Uno se acercó para prender la máquina de popcorn, y al
mismo momento de hacerlo, al sentir ese roce, pudo percibir ese olor pasando
por los pelos de sus fosas nasales; Joel no era el único que lo presintió. En
ese tiempo congelado, esa química de interacción de partículas que, al chocarse
con una agresividad, el olor más la electricidad, sobre todo, el peor de todos
los detonantes: una chispa de fuego, todo eso causó una explosión en cadena, siguiendo todos los rastros que
dejó el olor maldito: los conductos de ventilación, las salas, el lugar
central, todo era volátil. Las sillas eran inflamables y se incendió sin que
Joel tenga tiempo para mirar atrás, ya que estaba viendo con aspiración a la
pantalla gigante. La sala central se llenó de humo por la combustión que estaba
causando las mismas sillas, todos corrían, había pocas salidas, el Hades se
estaba convirtiendo en un tártaro. Todo se trasformó en menos de un
microsegundo en un caos; un vacío donde nadie podía respirar. Pasó veinte
minutos antes de abrir el centro comercial.
***
Una niña de diez años estaba sacando
a su perrito por la Av. José Pardo, al pasearse un rato por el parque vio un camión
de bomberos corriendo con agresividad con la bocina encendida.
-¿Bomberos tan de mañana? Qué raro.
Después de cinco minutos, la niña
estaba regresándose para su casa. Al instante, en el camino, pasa otro camión de
bus con el mismo estado que el primero, sí, así de apurado yéndose a toda
marcha.
-¿Otro más? En serio, ¿qué estará
pasando? –la niña lo ignoró y siguió de largo para regresarse a su hogar.
Ya estaba en el cemento, y después
de dos minutos llegó a la puerta de su casa, timbró para que su mamá le abriera
la puerta, y al esperar pasó un tercer camión del mismo.
-¡Algo está pasando, algo está
pasando!
La mamá abrió la puerta, el perrito
se entró de una para la casa y la niña se la veía con cara angustiada, quedándose
algo paralizada.
-¿Hija, qué te sucede?
-¡Algo está pasando, algo está
pasando!
-¿Qué cosa?
-¡Bomberos! ¡Bomberos!
-¿Bomberos?
-¡Sí, bomberos! ¡Pasaron tres hace
poco!
-Entra a la casa ya, estás más
protegida adentro que afuera. Te serviré un poco de leche para que te
tranquilices.
-Pero, mamá…
-¡Vamos, vamos! ¡Entra ahora!
*La niña entró e ignoró lo sucedido*
***
Llegaron tres bomberos para al centro comercial para apagar el fuego.
Todo estaba nublado de humo negro, negro como el petróleo, no se veía el mar y
tampoco los edificios, y no paraba de esparcirse por todas las calles. Los
bomberos empezaron a usar las mangueras para apagar el fuego poco a poco,
mientras los policías estaban botando a la gente para poner en cuarentena el centro
comercial. Lograron de apagar la entrada del cine, pudieron entrar, pero no se
veía nada, todo era niebla de color entre gris y negro. Los bomberos entraron.
-Asu, esto es un horno –dijo uno de ellos un poco preocupado.
-No importa, usemos las máscaras. Entremos y apaguemos lo que falta y esparciremos
el humo que está concentrado en este lugar.
Apagaron el fuego de la entrada, esparcieron la sala central, ahora
faltaba las salas de cine. Poco a poco la niebla se iba, el panorama se fue
aclarando, faltaban tres salas, por
ahora no se sabía de dónde provenía el incendio y mucho menos la explosión. Los
policías estaban investigando y otros haciendo guardia. Los bomberos ya
terminaron de esparcir por completo el humo y el fuego ya se extinguió. El
proceso duró más de dos horas.
Hallaron a cinco muertos. Algunos
de los empleados se escondieron en los cuartos de oficina, uno murió junto la
explosión, otros quemados por las llamas que se esparcían en sus cuerpos, unos
asfixiados por el humo negro y tóxico proveniente de las sillas, y pues, Joel,
de él hasta ahora no sé sabe. Estaban identificado la cantidad de personas que
asistieron al cine y confirmaron que
solo había dos desaparecidos. Faltaban dos salas por revisar para después
confirmarle a la prensa lo sucedido.
Los bomberos empezaron a escudriñar,
viendo qué otra alma estaría salvada para después llevárselos a emergencias. Al
entrar en la sala seis, el lugar estaba todo quemado obviamente pero, había un
bulto entre todas las sillas. Ellos fueron a buscar entre todas las sillas
alborotadas por la explosión, sacando silla por silla, y después notaron algo
extraño, había algo negro entre las sillas, una masa negra, no tenía el color
de la piel que es suave y esponjoso, más bien era áspero y tosco.
-¿Qué es eso?
-No sé, hay que seguir sacando
sillas, apúrense.
Ya faltaba poco para quitar todo el peso. Además
de que tenían la obligación de hacer, querían saber qué cosa era, y después de
terminar su trabajo, vieron una forma fetal, envuelto entre costras, abrazando
sus manos por todo el cuerpo, en una posición retorcida como si se hubiera
movido cada parte de su cuerpo a lados opuesto y al mismo tiempo. Después de dos
minutos de fijarse con atención qué era, uno se acercó y percibió que era un
rostro, por ver los orificios de sus ojos que estaban envuelto de carbón, el
cuello parecía más pequeño, de por sí, todo su cuerpo parecía haberse encogido
a una mancha negruzca como si fuese una cucaracha muerta que se achica en sus últimos
minutos de vida.
-Encontramos a uno, falta otro –dijo
uno de los bomberos.
-Ya hemos buscado en toda las
salas. La revisión se completó.
-¿Entonces?
-No sé dónde estará el último. Hay
que decirle a la prensa ya toda la información.
-¡Pero falta uno!
-Le diremos que hay un
desaparecido.
-¿y quién será?
-No sé, quizás nunca lo sabremos.
17 de noviembre del 2016
17 de noviembre del 2016
Nombre: Erick Hernández
Correo: erickadrian2@hotmail.com
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