Un olor extraño
-Ya es muy tarde, tengo que alistarme para ir al trabajo.
Apaga el despertador y mira el
techo con los ojos cansados.
-cha madre –otro día más,
miércoles, la mañanita es la peor de todas
.
Da una o dos vueltas, rueda un poco
en el colchón mientras por afuera, en la calle, se escucha el ruido de una moto
acelerar.
-El primer paso es el más difícil
y… ¡listo! –recién Joel se acaba de levantar, eliminando las desganas de una
vez, para así iniciar su nuevo día.
-Bueno, a vestirme.
Se puso una camisa roja con un logo
en el pecho y un pantalón negro.
-Veamos… a comer una fruta… a ver…
sí hay. Y ahora, mmm… bueno, con chicha morada, porque leche no hay. No hay
casi nada en la refri mejor dicho. Cuando termine mi turno compraré lo de
siempre y un par de cusqueñas para refrescarme.
Después de desayunar, se cepilla
los dientes, se guarda el gorro en su maleta y se va para el trabajo dejando su
apartamento solo.
Joel vive en Surco, le tocaría
coger bus y pasarse por toda la Benavides hasta llegar a Miraflores, luego, camina unas cuadras en la Av. Larco para así llegar temprano a su trabajo que queda en
un centro comercial que está a lado del mar; es bonito el lugar, muchos
turistas van a visitar para apreciar los jardines y obviamente, el mar. Toda
esa travesía le tardaría, dependiendo del tráfico, cuarenta y cinco minutos, máximo
una hora. Después de llegar, bajaría unas tres escaleras para llegar al primer
piso, y después bajaría otra escalera para entrar a Multicines, donde él
trabaja todos los días. Ese lugar queda al fondo, en las profundidades del
Hades, es medio subterráneo, un ambiente muy tranquilo para ver películas en
silencio sin que nadie te moleste. Joel estaría en un día cualquiera de
trabajo, un miércoles donde la rutina se siente en el aire, por ser día laboral
pues claro. Llegaría a las nueve de la mañana para alistarse y limpiar las
salas de los cines, pero antes le tocaría a registrarse para que no digan
que él llega tarde como en algunas ocasiones; ya está adaptándose a los
protocolos de trabajo. Después, iría al sótano, sacaría los accesorios de
limpieza y así empieza su día, en un día donde un sueldo básico de nueve
cientos soles mensuales no alcanza ni para subsistir, igual, estaría poniéndose
de su empeño como siempre.
***
-Qué tal Esperanza, ¿Por qué tan
apurada?
-Hola, Joelito. Es que mi jefe me
pidió que hiciera algo. Hablamos más tarde.
-Ah, tranquila nomás, hablamos
después.
-Ah, sí, se me olvidaba. Limpia la
sala seis, ahí hubo ciertos problemitas por el aseo, tu sabes… niños.
-¿Otra vez?
-Ni te imaginas. Cuando cumplas un
año aquí, te acostumbrarás.
-“Qué bonito”
-Lo sé, nos vemos.
-Qué buena forma de empezar el día
–pensó Joel.
Pasó por aquella sala y antes de entrar,
percibió un olor, como estuviera suelto y se escapará a otro lado y ahora está
invisible a nuestros ojos, pero sí perceptible con nuestro olfato. Miraba a los
otros y observaba que nadie se daba cuenta de aquel olor que le parecía
sospechoso.
-Bueno, ya qué. Quizás sea el
popcorn.
Joel entró a la sala de cines y el
olor era más fuerte; aun así lo ignoró y siguió trabajando. Empezó a limpiar
las cochinadas que dejaron los niños: la mugre de los chicles, una gaseosa
regada que al anterior asistente se le olvido limpiar y marcas de saliva en la
tela de las sillas, mientras otros estaban instalando una nueva película y
verificando que las cintas estén en buen estado. Su trabajo era simple y con
eso se ganaba la vida, además, tenía planes para su futuro: comprar una casa,
estudiar, establecerse económicamente, cosas que cualquiera quisiera desear al
demostrar su independencia. Este trabajo era un inicio importante para seguir
adelante con su vida, ya que, como él siempre se decía:
-peldaño por peldaño se construye
la escalera –empezaría a trapear el piso, y después a restregar las sillas.
Mientras Joel trabajaba el olor se
movía a escondidas en el silencio. Él dejó la puerta abierta para ventilar y de
ahí el olor se escapó para esparcirse a otras áreas; caminó a la sala dos,
después al uno, después, fue a los baños donde se entró por los conductos. Por
el momento había conquistado cinco salas, marcando territorio con la
pestilencia, es como si fuera una plaga de mala muerte quienes los que
protagonizan son ratas invisibles, o ratas fantasmas. El olor ha pasado por
todos los rincones del cine, y Joel todavía estaba limpiando silla por silla
sin que se diera cuenta de la invasión hediondo que padecía el lugar. Los
empleados no se percataban de esa aroma rancia, ni siquiera se preguntaban de
dónde provenía. El olor seguía su curso y todo el mundo estaba trabajando como
si fuese un día normal, moviéndose a un lado a otro para dejar todo en orden,
antes de que empiece la función. Después, la muerte invisible se acercó poco a
poco, levitando en el aire, ya habiendo tenido todo el control en sus manos, de
pies a cabeza, le faltaría marcar un territorio no explorado, el último que
quedaba para concluir con su objetivo. Se acercaba cada vez más. Joel ya había
terminado de limpiar la primera sala y los otros empleados se estaban
organizando para abrir a las diez.
-Los niños deben estar emocionados
por el estreno de esta película –pensó al mirar la pantalla gigante de la sala
seis.
Se acercaba con sus huellas sin
marcas, poco a poco, deslizándose entre la nada, hasta que, al penetrar por los
aparatos electrodomésticos, sobre todo por la máquina de hacer popcorn; un
aparato enorme que puede servir a más de treinta clientes al mismo tiempo, se
apoyó en ella para esperar el momento indicado. Todos ya habían dejado listo
para abrir las puertas, solo faltaba la señal, unos estaban charlando entre sí
como cosa de rutina. Uno se acercó para prender la máquina de popcorn, y al
mismo momento de hacerlo, al sentir ese roce, pudo percibir ese olor pasando
por los pelos de sus fosas nasales; Joel no era el único que lo presintió. En
ese tiempo congelado, esa química de interacción de partículas que, al chocarse
con una agresividad, el olor más la electricidad, sobre todo, el peor de todos
los detonantes: una chispa de fuego, todo eso causó una explosión en cadena, siguiendo todos los rastros que
dejó el olor maldito: los conductos de ventilación, las salas, el lugar
central, todo era volátil. Las sillas eran inflamables y se incendió sin que
Joel tenga tiempo para mirar atrás, ya que estaba viendo con aspiración a la
pantalla gigante. La sala central se llenó de humo por la combustión que estaba
causando las mismas sillas, todos corrían, había pocas salidas, el Hades se
estaba convirtiendo en un tártaro. Todo se trasformó en menos de un
microsegundo en un caos; un vacío donde nadie podía respirar. Pasó veinte
minutos antes de abrir el centro comercial.
***
Una niña de diez años estaba sacando
a su perrito por la Av. José Pardo, al pasearse un rato por el parque vio un camión
de bomberos corriendo con agresividad con la bocina encendida.
-¿Bomberos tan de mañana? Qué raro.
Después de cinco minutos, la niña
estaba regresándose para su casa. Al instante, en el camino, pasa otro camión de
bus con el mismo estado que el primero, sí, así de apurado yéndose a toda
marcha.
-¿Otro más? En serio, ¿qué estará
pasando? –la niña lo ignoró y siguió de largo para regresarse a su hogar.
Ya estaba en el cemento, y después
de dos minutos llegó a la puerta de su casa, timbró para que su mamá le abriera
la puerta, y al esperar pasó un tercer camión del mismo.
-¡Algo está pasando, algo está
pasando!
La mamá abrió la puerta, el perrito
se entró de una para la casa y la niña se la veía con cara angustiada, quedándose
algo paralizada.
-¿Hija, qué te sucede?
-¡Algo está pasando, algo está
pasando!
-¿Qué cosa?
-¡Bomberos! ¡Bomberos!
-¿Bomberos?
-¡Sí, bomberos! ¡Pasaron tres hace
poco!
-Entra a la casa ya, estás más
protegida adentro que afuera. Te serviré un poco de leche para que te
tranquilices.
-Pero, mamá…
-¡Vamos, vamos! ¡Entra ahora!
*La niña entró e ignoró lo sucedido*
***
Llegaron tres bomberos para al centro comercial para apagar el fuego.
Todo estaba nublado de humo negro, negro como el petróleo, no se veía el mar y
tampoco los edificios, y no paraba de esparcirse por todas las calles. Los
bomberos empezaron a usar las mangueras para apagar el fuego poco a poco,
mientras los policías estaban botando a la gente para poner en cuarentena el centro
comercial. Lograron de apagar la entrada del cine, pudieron entrar, pero no se
veía nada, todo era niebla de color entre gris y negro. Los bomberos entraron.
-Asu, esto es un horno –dijo uno de ellos un poco preocupado.
-No importa, usemos las máscaras. Entremos y apaguemos lo que falta y esparciremos
el humo que está concentrado en este lugar.
Apagaron el fuego de la entrada, esparcieron la sala central, ahora
faltaba las salas de cine. Poco a poco la niebla se iba, el panorama se fue
aclarando, faltaban tres salas, por
ahora no se sabía de dónde provenía el incendio y mucho menos la explosión. Los
policías estaban investigando y otros haciendo guardia. Los bomberos ya
terminaron de esparcir por completo el humo y el fuego ya se extinguió. El
proceso duró más de dos horas.
Hallaron a cinco muertos. Algunos
de los empleados se escondieron en los cuartos de oficina, uno murió junto la
explosión, otros quemados por las llamas que se esparcían en sus cuerpos, unos
asfixiados por el humo negro y tóxico proveniente de las sillas, y pues, Joel,
de él hasta ahora no sé sabe. Estaban identificado la cantidad de personas que
asistieron al cine y confirmaron que
solo había dos desaparecidos. Faltaban dos salas por revisar para después
confirmarle a la prensa lo sucedido.
Los bomberos empezaron a escudriñar,
viendo qué otra alma estaría salvada para después llevárselos a emergencias. Al
entrar en la sala seis, el lugar estaba todo quemado obviamente pero, había un
bulto entre todas las sillas. Ellos fueron a buscar entre todas las sillas
alborotadas por la explosión, sacando silla por silla, y después notaron algo
extraño, había algo negro entre las sillas, una masa negra, no tenía el color
de la piel que es suave y esponjoso, más bien era áspero y tosco.
-¿Qué es eso?
-No sé, hay que seguir sacando
sillas, apúrense.
Ya faltaba poco para quitar todo el peso. Además
de que tenían la obligación de hacer, querían saber qué cosa era, y después de
terminar su trabajo, vieron una forma fetal, envuelto entre costras, abrazando
sus manos por todo el cuerpo, en una posición retorcida como si se hubiera
movido cada parte de su cuerpo a lados opuesto y al mismo tiempo. Después de dos
minutos de fijarse con atención qué era, uno se acercó y percibió que era un
rostro, por ver los orificios de sus ojos que estaban envuelto de carbón, el
cuello parecía más pequeño, de por sí, todo su cuerpo parecía haberse encogido
a una mancha negruzca como si fuese una cucaracha muerta que se achica en sus últimos
minutos de vida.
-Encontramos a uno, falta otro –dijo
uno de los bomberos.
-Ya hemos buscado en toda las
salas. La revisión se completó.
-¿Entonces?
-No sé dónde estará el último. Hay
que decirle a la prensa ya toda la información.
-¡Pero falta uno!
-Le diremos que hay un
desaparecido.
-¿y quién será?
-No sé, quizás nunca lo sabremos.
17 de noviembre del 2016
17 de noviembre del 2016
Nombre: Erick Hernández
Correo: erickadrian2@hotmail.com
Facebook: El antropófago imaginario

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