jueves, 17 de noviembre de 2016

Un olor extraño

Un olor extraño

-Ya es muy tarde, tengo que alistarme para ir al trabajo.

Apaga el despertador y mira el techo con los ojos cansados.

-cha madre –otro día más, miércoles, la mañanita es la peor de todas
.
Da una o dos vueltas, rueda un poco en el colchón mientras por afuera, en la calle, se escucha el ruido de una moto acelerar.

-El primer paso es el más difícil y… ¡listo! –recién Joel se acaba de levantar, eliminando las desganas de una vez, para así iniciar su nuevo día.

-Bueno, a vestirme.
Se puso una camisa roja con un logo en el pecho y un pantalón negro.

-Veamos… a comer una fruta… a ver… sí hay. Y ahora, mmm… bueno, con chicha morada, porque leche no hay. No hay casi nada en la refri mejor dicho. Cuando termine mi turno compraré lo de siempre y un par de cusqueñas para refrescarme.

Después de desayunar, se cepilla los dientes, se guarda el gorro en su maleta y se va para el trabajo dejando su apartamento solo.

Joel vive en Surco, le tocaría coger bus y pasarse por toda la Benavides hasta llegar a Miraflores, luego, camina unas cuadras en la Av. Larco para así llegar temprano a su trabajo que queda en un centro comercial que está a lado del mar; es bonito el lugar, muchos turistas van a visitar para apreciar los jardines y obviamente, el mar. Toda esa travesía le tardaría, dependiendo del tráfico, cuarenta y cinco minutos, máximo una hora. Después de llegar, bajaría unas tres escaleras para llegar al primer piso, y después bajaría otra escalera para entrar a Multicines, donde él trabaja todos los días. Ese lugar queda al fondo, en las profundidades del Hades, es medio subterráneo, un ambiente muy tranquilo para ver películas en silencio sin que nadie te moleste. Joel estaría en un día cualquiera de trabajo, un miércoles donde la rutina se siente en el aire, por ser día laboral pues claro. Llegaría a las nueve de la mañana para alistarse y limpiar las salas de los cines, pero antes le tocaría a registrarse para que no digan que él llega tarde como en algunas ocasiones; ya está adaptándose a los protocolos de trabajo. Después, iría al sótano, sacaría los accesorios de limpieza y así empieza su día, en un día donde un sueldo básico de nueve cientos soles mensuales no alcanza ni para subsistir, igual, estaría poniéndose de su empeño como siempre.

***
-Qué tal Esperanza, ¿Por qué tan apurada?

-Hola, Joelito. Es que mi jefe me pidió que hiciera algo. Hablamos más tarde.

-Ah, tranquila nomás, hablamos después.

-Ah, sí, se me olvidaba. Limpia la sala seis, ahí hubo ciertos problemitas por el aseo, tu sabes… niños.

-¿Otra vez?

-Ni te imaginas. Cuando cumplas un año aquí, te acostumbrarás.

-“Qué bonito”

-Lo sé, nos vemos.

-Qué buena forma de empezar el día –pensó Joel.

Pasó por aquella sala y antes de entrar, percibió un olor, como estuviera suelto y se escapará a otro lado y ahora está invisible a nuestros ojos, pero sí perceptible con nuestro olfato. Miraba a los otros y observaba que nadie se daba cuenta de aquel olor que le parecía sospechoso.

-Bueno, ya qué. Quizás sea el popcorn.

Joel entró a la sala de cines y el olor era más fuerte; aun así lo ignoró y siguió trabajando. Empezó a limpiar las cochinadas que dejaron los niños: la mugre de los chicles, una gaseosa regada que al anterior asistente se le olvido limpiar y marcas de saliva en la tela de las sillas, mientras otros estaban instalando una nueva película y verificando que las cintas estén en buen estado. Su trabajo era simple y con eso se ganaba la vida, además, tenía planes para su futuro: comprar una casa, estudiar, establecerse económicamente, cosas que cualquiera quisiera desear al demostrar su independencia. Este trabajo era un inicio importante para seguir adelante con su vida, ya que, como él siempre se decía:

-peldaño por peldaño se construye la escalera –empezaría a trapear el piso, y después a restregar las sillas.

Mientras Joel trabajaba el olor se movía a escondidas en el silencio. Él dejó la puerta abierta para ventilar y de ahí el olor se escapó para esparcirse a otras áreas; caminó a la sala dos, después al uno, después, fue a los baños donde se entró por los conductos. Por el momento había conquistado cinco salas, marcando territorio con la pestilencia, es como si fuera una plaga de mala muerte quienes los que protagonizan son ratas invisibles, o ratas fantasmas. El olor ha pasado por todos los rincones del cine, y Joel todavía estaba limpiando silla por silla sin que se diera cuenta de la invasión hediondo que padecía el lugar. Los empleados no se percataban de esa aroma rancia, ni siquiera se preguntaban de dónde provenía. El olor seguía su curso y todo el mundo estaba trabajando como si fuese un día normal, moviéndose a un lado a otro para dejar todo en orden, antes de que empiece la función. Después, la muerte invisible se acercó poco a poco, levitando en el aire, ya habiendo tenido todo el control en sus manos, de pies a cabeza, le faltaría marcar un territorio no explorado, el último que quedaba para concluir con su objetivo. Se acercaba cada vez más. Joel ya había terminado de limpiar la primera sala y los otros empleados se estaban organizando para abrir a las diez.

-Los niños deben estar emocionados por el estreno de esta película –pensó al mirar la pantalla gigante de la sala seis.

Se acercaba con sus huellas sin marcas, poco a poco, deslizándose entre la nada, hasta que, al penetrar por los aparatos electrodomésticos, sobre todo por la máquina de hacer popcorn; un aparato enorme que puede servir a más de treinta clientes al mismo tiempo, se apoyó en ella para esperar el momento indicado. Todos ya habían dejado listo para abrir las puertas, solo faltaba la señal, unos estaban charlando entre sí como cosa de rutina. Uno se acercó para prender la máquina de popcorn, y al mismo momento de hacerlo, al sentir ese roce, pudo percibir ese olor pasando por los pelos de sus fosas nasales; Joel no era el único que lo presintió. En ese tiempo congelado, esa química de interacción de partículas que, al chocarse con una agresividad, el olor más la electricidad, sobre todo, el peor de todos los detonantes: una chispa de fuego, todo eso causó una explosión  en cadena, siguiendo todos los rastros que dejó el olor maldito: los conductos de ventilación, las salas, el lugar central, todo era volátil. Las sillas eran inflamables y se incendió sin que Joel tenga tiempo para mirar atrás, ya que estaba viendo con aspiración a la pantalla gigante. La sala central se llenó de humo por la combustión que estaba causando las mismas sillas, todos corrían, había pocas salidas, el Hades se estaba convirtiendo en un tártaro. Todo se trasformó en menos de un microsegundo en un caos; un vacío donde nadie podía respirar. Pasó veinte minutos antes de abrir el centro comercial.

***

Una niña de diez años estaba sacando a su perrito por la Av. José Pardo, al pasearse un rato por el parque vio un camión de bomberos corriendo con agresividad con la bocina encendida.

-¿Bomberos tan de mañana? Qué raro.

Después de cinco minutos, la niña estaba regresándose para su casa. Al instante, en el camino, pasa otro camión de bus con el mismo estado que el primero, sí, así de apurado yéndose a toda marcha.

-¿Otro más? En serio, ¿qué estará pasando? –la niña lo ignoró y siguió de largo para regresarse a su hogar.

Ya estaba en el cemento, y después de dos minutos llegó a la puerta de su casa, timbró para que su mamá le abriera la puerta, y al esperar pasó un tercer camión del mismo.

-¡Algo está pasando, algo está pasando!

La mamá abrió la puerta, el perrito se entró de una para la casa y la niña se la veía con cara angustiada, quedándose algo paralizada.

-¿Hija, qué te sucede?

-¡Algo está pasando, algo está pasando!

-¿Qué cosa?

-¡Bomberos! ¡Bomberos!

-¿Bomberos?

-¡Sí, bomberos! ¡Pasaron tres hace poco!

-Entra a la casa ya, estás más protegida adentro que afuera. Te serviré un poco de leche para que te tranquilices.

-Pero, mamá…

-¡Vamos, vamos! ¡Entra ahora!

*La niña entró e ignoró lo sucedido*

***

Llegaron tres bomberos para al centro comercial para apagar el fuego. Todo estaba nublado de humo negro, negro como el petróleo, no se veía el mar y tampoco los edificios, y no paraba de esparcirse por todas las calles. Los bomberos empezaron a usar las mangueras para apagar el fuego poco a poco, mientras los policías estaban botando a la gente para poner en cuarentena el centro comercial. Lograron de apagar la entrada del cine, pudieron entrar, pero no se veía nada, todo era niebla de color entre gris y negro. Los bomberos entraron.

-Asu, esto es un horno –dijo uno de ellos un poco preocupado.

-No importa, usemos las máscaras. Entremos y apaguemos lo que falta y esparciremos el humo que está concentrado en este lugar.

Apagaron el fuego de la entrada, esparcieron la sala central, ahora faltaba las salas de cine. Poco a poco la niebla se iba, el panorama se fue aclarando, faltaban tres salas,  por ahora no se sabía de dónde provenía el incendio y mucho menos la explosión. Los policías estaban investigando y otros haciendo guardia. Los bomberos ya terminaron de esparcir por completo el humo y el fuego ya se extinguió. El proceso duró más de dos horas.

Hallaron a cinco muertos. Algunos de los empleados se escondieron en los cuartos de oficina, uno murió junto la explosión, otros quemados por las llamas que se esparcían en sus cuerpos, unos asfixiados por el humo negro y tóxico proveniente de las sillas, y pues, Joel, de él hasta ahora no sé sabe. Estaban identificado la cantidad de personas que asistieron  al cine y confirmaron que solo había dos desaparecidos. Faltaban dos salas por revisar para después confirmarle a la prensa lo sucedido.

Los bomberos empezaron a escudriñar, viendo qué otra alma estaría salvada para después llevárselos a emergencias. Al entrar en la sala seis, el lugar estaba todo quemado obviamente pero, había un bulto entre todas las sillas. Ellos fueron a buscar entre todas las sillas alborotadas por la explosión, sacando silla por silla, y después notaron algo extraño, había algo negro entre las sillas, una masa negra, no tenía el color de la piel que es suave y esponjoso, más bien era áspero y tosco.

-¿Qué es eso?

-No sé, hay que seguir sacando sillas, apúrense.

 Ya faltaba poco para quitar todo el peso. Además de que tenían la obligación de hacer, querían saber qué cosa era, y después de terminar su trabajo, vieron una forma fetal, envuelto entre costras, abrazando sus manos por todo el cuerpo, en una posición retorcida como si se hubiera movido cada parte de su cuerpo a lados opuesto y al mismo tiempo. Después de dos minutos de fijarse con atención qué era, uno se acercó y percibió que era un rostro, por ver los orificios de sus ojos que estaban envuelto de carbón, el cuello parecía más pequeño, de por sí, todo su cuerpo parecía haberse encogido a una mancha negruzca como si fuese una cucaracha muerta que se achica en sus últimos minutos de vida.

-Encontramos a uno, falta otro –dijo uno de los bomberos.

-Ya hemos buscado en toda las salas. La revisión se completó.

-¿Entonces?

-No sé dónde estará el último. Hay que decirle a la prensa ya toda la información.

-¡Pero falta uno!

-Le diremos que hay un desaparecido.

-¿y quién será?

-No sé, quizás nunca lo sabremos.

17 de noviembre del 2016

Nombre: Erick Hernández
Facebook: El antropófago imaginario

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